26 sept 2021

cal mariner

"aunque bajo la tierra,
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré "
M.H.


entre lluvia y paisajes de evidencias pasadas
camino por una tierra punzante
dentro de una palabra húmeda que abrasa y enhebra.

no soy el caminante
que tarde o temprano llegará a la comodidad de su casa 
para dejarse vencer en un sosegado suicidio de colchón y muerte blanda.
soy el esqueleto que interpreta el concierto de todos los enigmas,
el hueco sin fondo de un deshecho que asciende desde el mar
con la lenta cadencia de la combustión y el vacío

la carnadura de la soledad,
absurda y absoluta,
me arrastra por masías de gruesos muros,
ermitas amasadas por las debilidades del pueblo,
montañas como caricias que crecen para menguar las fracturas,
y chimeneas, 
chimeneas de estaciones vencidas
honrando la ofensiva del último verano.

rémoras en el remo de la congelada quietud,
girasoles que brotan en los picaportes
para aliviar el duelo de los balcones transidos.
en el degüello de las hipótesis,
en la rebelde tinta de la poesía,
tiemblan las cuerdas vocales de los vencidos.

con la caricia del almanaque, el copal y el relámpago,
cultivo maldecaps,
y a mis bestias paliativas las nombro de pez,
mientras, la sexualidad de los hongos,
saquea eguzkilores de ternura bajo el tajo de Pirene 

escribo poemas que desembocan en un catálogo de espasmos,
cruzo las piernas mientras espero la llegada de los dioses,
remiendo la nostálgia de la arpillera,
y perpetuo un día más el amanecer de estas manos
que labran la tierra a golpe de mar.














5 mar 2021

canción triste

destila la madrugada una sensación de mujer serena

hermosa, entreabierta, se abre a mis disgustos 

como una brecha narcotizada de peligro inminente, 

igual que la  glotonería de un hombre 

frente a unos senos turgentes, 

ansiada de babas y llantos,

esnifa el humo de los coches y sus prisas, 

mujeres con acento siberiano

con la risteza pintada en sus rostros,

como un objeto familiar reconocible.


macabra y arlequinesca, 

es justo en este momento cuando la encuentro más bella,

cuando me niega su voluntad,

y se enzarza violenta por el umbral de mis ojos,

como una ausencia clavada en el lagrimal,

un torniquete de nostalgia 

que no llega a desbordarse.