25 may 2014

las calles sin palacios


tienden las calles a llevarte a hablar solo
y sueltas la velada ignorando la fatiga
de la barata falsificación de ti mismo
del naufragio distorsionado por el salvavidas de tus escombros.

suspiras como quien soporta el fatalismo
y nadas hacia lo más denso sin soltar presa,
sin lanzar un solo rugido 
adoquinándote los añicos por la sequedad y las calles rotas.

en la arquitectura de tu asco desayunas rebeldía
y desnudas buzones por plazas
ascensores por avenidas,
lo cotidiano,
por lo resplandeciente.

morar el frío en Berlín,
saciar el voraz apetito de yacer acartonado en Granada,
despertar el ferro en París,
oler como un chacal la melancolía de Tijuana,
la sangre de tu callejón,
el suelo de tu vientre.

donde hay belleza suele haber bestias;
hermoso es reconocerse fiera,
embarcación rabiosa que burla la vigilancia del puerto.

hemos crecido al contrabando de la carne,
caminamos,
porque lo creamos o no,
somos los únicos hijos de la calle.

12 abr 2014

la tormenta

no sucede muy a menudo pero cuando te sueño, no sabría decirte,
me respiraran los ojos y el tiempo va más despacio,tanto,
que por momentos la una se aprieta con las trece.
resulta agradable soñarte, lo malo es al despertar
cuando se hace añicos la carne y la pena se me atrinchera sobre los hombros.
dejaste de reírme igual que me dejaste, también,
con todos estos vivos que arrastran más muerte que la tuya.
diablos papá, recuerdas aquel verano en el pirineo?
juntos doblábamos la tarde en el mismo instante en que la tormenta arañaba el campanario del pueblo. fue entonces cuando un enorme trueno despertó los cerrojos de las casas y empezó a diluviar infinidad de gotas suicidas golpeando contra el suelo gritando paté.
llovió tanto que la mierda de las vacas descendía por el Casinet
como la lengua de una ramera madura; libre y empapada, mientras nosotros, papiros de carne, nos envolvíamos las desgracias con las ruinas de los desaparecidos.
luego el viento
y la escasa y débil luz del pueblo.
por mis rodillas todas las cicatrices del verano,
en tu ojos el puerto donde amarrar la infancia.
tenías razón cuando dijiste que la oscuridad más delicada siempre nace en tormenta,
que no hay atisbo de muerte para estos instantes,
que por mucho veneno que vierta la vida en nuestras espaldas
jamás logrará embalsamar la libertad
de saberse frágil bajo el polvo de los sepulcros.
hermano será el hombre que venga a escupir sobre tu tumba.
desde esta madrugada de escasa luz y alfileres en los párpados
observo el camino de mis subterráneos,
la lluvia,
el peso de una vida de la que no sé nada,
cicatrices de aquel verano que ya no existen,
o tal vez sí y solo han cerrado en falso,
o se han desplazado como se desplaza una tormenta.
yo sigo su camino,
igual que el dolor sigue al envenenamiento-

16 mar 2014

Francisco De Paula - primera sesión de poesía en el pub Sándalo, Granada -

cuando te escribo,
como esta noche escribo,
creo sinceramente que tengo algo de serpiente
o de senil locura.
sonidos desérticos y azafranados
emergen por mis sienes 
como un parque de atracciones repletos de muchachos pelirrojos

todos estos años,
todo este mundo de estufas de butano con rejillas
y baldosas temblorosas en el piso del carrer de sants
han sido poesía.
así que el día menos pensado me pongo a vivir un buen rato,
y mudo la piel con más frecuencia,
y mando al carajo al dermatólogo ese que no entiende de amor
ni de cicatrices.

cuando te escribo,
como esta noche te escribo,
el presente es lluvia oscura y aceitosa,
el ágrafa de este poema,
las diecisiete palabras de amor que nunca te dije

cuando te escribo
como esta noche escribo,
soy árbol podado y hacha,
una ciudad inexistente,
un corredor sin recorrido,

un niño gris que camina hacia la escuela,
un mago sin su magia,
un mocoso que todas suspende
menos plástica y gimnasia.