Estamos hechos de erotismo salvaje,
de los que se miran con lujuria y violencia,
y que se note,
sobretodo que se note.
De los que se han dado un sí quiero a golpe de sexo
fuera de cualquier iglesia,
de los que apuestan en casinos ilegales
a un todo sangre,
de los que se dan hasta el fondo como pródigos sin diagnóstico,
de los que un día deciden morir saltando juntos desde el borde del febril poema
cuando todo esto se nos ponga hasta la tinta de tanto alambre
y el contagio se contagie
de encontrarse,
de saberse,
dentro del mismo cuadro,
desnudos,
calientes,
hechos carne.
Encadenando sexo gratuito y películas en blanco y negro delante del televisor insomne que nos mira.
