7 abr 2013

dos poemas de Martha Asunción Alonso

Los perros
 
Estoy llena de perros.
Tienen grandes cabezas
y cabezas oscuras,
todas llenas de dientes.
 
Estoy llena de perros,
preñada hasta las cejas de perros con cadenas,
pero no me dan miedo.
 
Soy hectáreas y hectáreas
de docilidad para la espuma contagiosa.
 
Y me retumban.
 
Un océano de perros mariachis de perfil
ladrándole a la luna,
aquí en mi útero.
 
Yo les grito: SIT¡
Y ellos ladran peor
porque tal vez les va la muerte en ello.
 
Le ladran a la luna,
pero la luna sana
está escribiéndose por el otro hemisferio del dolor.
 
Luego les grito: Lorca¡
Pero no. Tampoco.
Ladra que te ladra.
 
Y me miran
con los ojos tapados por la rabia,
como diciéndome: es la sangre.
 
Como diciéndome:
quiérenos,
o te muerdo.
 
***
 
Plegaria para la estación de ciclones
 
Me dijeron:
de alguna forma Dios sangra en todas las tormentas.
Y a su carne le rezo,
a las palmas broncíneas
de su dolor les rezo,
porque toda oración es un complejo de poema,
porque todo poema
es un cuerpo desnudo
y un hechizo
y la magia es el nombre de pila del Señor.
No importa cuál de todos.
Las cóleras de todos los dioses se parecen.
 
Me dijeron:
no importa que tu dolor sea invisible,
también para los celtas negros de corazón
habrá un hueco en el arca de Noé.
Y me pasaré agosto
rezándole a los cuellos mancos de las jirafas,
nubes como palmeras.
Quisimos abrazarnos igual que sus raíces,
pero la luna salió de su volcán
y nos jugó una mala fábula,
tenía un zorro dentro
y no soltaba el cáncer de la fruta de los látigos.
 
Yo le rezo a los látigos,
la sangre de los látigos
y la leche de coco en los látigos
de amamantar panteras.
 
Yo le rezo a la lava.
 
Yo le rezo al café.
 
Yo le rezo a las aspas milagrosas de los ventiladores sin precio
de los bazares árabes de Basse-Terre.
 
Yo les rezo a la lima
y a los borrachos de los embarcaderos,
que con una sola mirada
adivinan cuantos besos con lengua has dado en tu vida
y cuántas veces cerraste los ojos para darlos,
cuántas monedas te enferman todavía los bolsillos.
 
Yo le rezo a las olas con tiburón
y a las cucarachas
y a Vishnú.
 
Me dijeron:
puedes tener miedo. Rézale al miedo.
 
Y eso hago. En la noche,
inundada de rodillas,
voy rezando mi vida
en Duracell,
que es un santo
y el nuevo criollo de los blancos con padres superhéroes barbudos,
padres que daban rabia
y están lejos
y a quien pedir perdón
y conocer
y amar
antes de no morir.
 
 

31 mar 2013

las habitaciones del invierno

hay habitaciones que son invierno,
camas como opiáceos 
que con el paso del tiempo 
amansan olas de fuego,
analgésicas estancias de algodón y vendas paliativas,
donde el amor no tiembla más de la cuenta
y la pasión es yodo elaborado con morphina.

estancias que detesto como detesto cualquier tipo de continencia,
cuerpos insatisfechos que privan de la lluvia con su horrible cautiverio,
corrientes inanimadas donde la carne no combustiona
ni se desparrama.

sondear el fondo en un incendio provocado que reviente las ampollas a mordiscos
y dar muerte contra el suelo
-o contra el abismo-
hasta que los dioses purguen la negligencia del remanso
y la tibia comparsa del amor edulcorado.

hundir dientes en la carne embriagada de rugidos,
-estrepitosamente vivos-
porque hubo un tiempo donde amar era libre y no un esclavo formulismo,
un tiempo donde hombres y mujeres acostumbrados a la caza
alumbraban con luz extraordinariamente lasciva
hasta la última de las cuevas más profundas
un tiempo
donde las fauces impedían soltar presa y el placer florecía como la mejor de las miserias,
un tiempo
donde los orgasmos goteaban por el suelo
y la obscenidad era un dedo que llegaba al fin del mundo:

como un amigo secular,
un sonriente,
un embriagado satisfecho
bebiendo de todas las tabernas y burdeles de tu cuerpo.




21 mar 2013

nueve céntimos de euro


mira
hay combates que tenemos perdidos de antemano:
te lo digo y una necrosis personal
se filtra como lluvia empapando mis escombros,
y pese a ello,
no debemos arrojar la toalla,
pues también sobre la lona se aprende a bailar
a golpes extremos y batiéndonos con saña.

cuando suene el gong
-como una orquesta de relámpagos-,
la sangre se agolpará por tus sienes.
es la bella septicemia,
el desfile de todos los latidos subterráneos,
una tribu de bastardos
que se arrastra hasta tu náusea más profunda.

a merced del oponente
cada grito de libertad omite una advertencia,
a merced del oponente
cada golpe de dolor nos abraza y oxigena.

noqueados sí,
pero por la fuerza y la belleza de un poema
nacido a golpe de laringe,
o en las entrañas más profundas de los barrios de uno mismo.

poemas que no olvidan
que en las casas más limpias
se encuentra la gente más sucia,
o que en nuestra choza mugrienta
el taxímetro de la tristeza
siempre marca más de la cuenta

pero hoy,
amor mío,
al vaciarme los bolsillos
he encontrado nueve céntimos de euro.

y un poema.

no soy de amañarme los combates,
ni de codearme con poetas atildados,
así que bien mirado,
esto es todo lo que tengo:

una fortuna
para un mundo tan precario de ilusiones.