12 ago. 2016

olor a balsa.

con el mismo cuidado que se retira la noche
caminar hacia un lugar
para leerme entero y no por capítulos
y lo más importante
dejarme ser leído hasta el imaginario.

alquilar una suave habitación alejada del cielo,
agitada por brazos y molinos,
y mezclarme en el polvo de ese último mechón
que aún destila juventud y olor a balsa.
observar el Mediterráneo,
preguntarme en qué se ha convertido
una lágrima,
una horrible ofrenda,
una columna podrida incapaz de suicidarse.
qué haremos todo el día con la locura de nuestras canciones
si ni sostener la vida podemos,
si acarreamos un parto de imposibles animales que
con estúpida crueldad
pretenden vestirnos el corazón
y el llanto
de quirófanos y sangrías

11 ago. 2016

Un bestiario - Kenneth Rexroth -

GATO
Hay demasiados poemas
sobre gatos. Ten cuidado
de los amantes de los gatos,
tienen una escondida frustración
en algún lado y te la pegarán si pueden.
CIERVOS
Los ciervos son gentiles y graciosos.
Y tienen ojos hermosos.
No hieren a nadie salvo a sí mismos
los machos, y solamente por amor.
Los hombres han inventado varios
miles de métodos para matarlos.
LEÓN
El león es llamado el rey
de las bestias. Hoy en día hay
casi tantos leones
entre rejas como fuera de ellas.
Si te ofrecen una corona, recházala.
BUITRE
Santo Tomás de Aquino pensó
que los buitres eran lesbianas
fertilizadas por el viento.
Si buscas los hechos de la vida,
los intelectuales papistas
Pueden ser de muy poco fiar.
LOBOS
Nunca creas todo lo que se dice.
Los lobos no son tan malos como los corderos.
Yo he sido un lobo toda mi vida,
y tengo dos hermosas hijas
para probarlo, mientras que podría
contarte historias enfermas
de corderos que recibieron su justo merecido.

de los mil andenes - Daniela Tena -

Me he bebido tantos hombres,
que ya no distingo una añada de otra.

No queda un centímetro de mi piel
donde no hayan intentado tatuarme virilidad y hombría.
Y tanto he ido de sexo en sexo,
que me provoca agujetas abrirme de piernas.
No hay respiración a la que no haya encontrado la cadencia y el compás.
He conocido los alientos afrodisíacos y los fétidos
y aprendido distintos rituales de desnudo del alma.
Y tan cansada estoy,
que me asquea el bostezo de las sábanas desordenadas que hieden a vicio.
Mis carnes han padecido numerosos ictus,
desde la muerte dulce,
hasta el desinterés y empalago.
No hay palabra eyaculada que no haya escuchado antes.
Y como ya no me queda ni sed, ni parte pudenda a descubrir,
me he convertido en disidente de la falocracia,
ebria de la reciedumbre,
saturada de tal cantidad de lucha y baile.

Lunes. - Q. Mauriz -


A veces
soy un lunes.
Menguo
perdida en mi entropía.
Me paso la vida pagando deudas
que no recuerdo cuando
ni con quien contraje.
Respondo a lealtades invisibles,
ancestrales,
con huidas épicas
y atrincheramientos mentales.
Soy un lunes,
a ratos,
con un complejo de inferioridad
de dimensiones bíblicas.
Por eso escribo a brochazos por las paredes
de mi diminuto cuarto.
Escribo compulsivamente y
sin sentido
de cualquier manera a modo
de escapismo ritual.
Pensarás que mi ego está
muy por encima de mis posibilidades
intelectuales
pero tengo una tablet
y todo el conocimiento del mundo
en la punta de los dedos. ¡Ah!
[y un montón de likes.
Soy un lunes,
a menudo,
de esos difusos, con regusto
amargo a domingo,
tan disfuncional
como una familia sin televisor.
Por ejemplo,
tecleo siete horas al día cosas
que no me importan
sobre gente que no conozco,
que no veré nunca,
que me odiará siempre
porque no le regalé a su hijo
el puto IPhone 6.
Tecleando siete horas
quizás podría pagarme un alquiler,
podría darme el lujo
de otro cañón en el Rastrel
y aún así me quejo
y es para darme una
o dos manadas de ostias
porque hay gente que no puede comer.
Aún así
es miércoles.
Yo soy lunes otra vez.
Como el resto del mundo,
me odio.
Añoro cuando solía ser un viernes,
[incluso un sábado resacoso,
añoro saberme pérdida e
improductiva,
echada a perder
pero querida
en mi decrepitud ociosa.
Soy hoy
tan lunes:
mi vida me da pereza
las vuestras me dan envidia
la ginebra y los mapas,
nostalgia.
Como lunes, lo habrás notado,
tengo un don:
la autocompasión.
Por favor,
si alguien,
si mi exnovia,
o cualquier otrx,
me está escuchando,
por favor,
hazme viernes,
hazme día de fiesta,
hazme
lo que quieras.

Moby Dick - H. Melville -

Sí, nos pusimos muy despejados, tanto que nuestra posición reclinada empezó a hacerse fatigosa, y poco a poco nos encontramos sentados en la cama, con las mantas bien remetidas alrededor, apoyados contra la cabecera, con las cuatro rodillas encogidas y juntas, y las dos narices inclinadas sobre ellas, como si nuestras rótulas fueran unos calentadores. Nos encontrábamos muy cómodos y a gusto, sobre todo porque fuera hacía tanto frío, incluso, fuera de las mantas, dado que no había fuego en el cuarto. Mas por eso, digo, porque para disfrutar verdaderamente del calor corporal, debe haber alguna pequeña parte nuestra que esté fría, pues no hay cualidad en este mundo que no sea lo que es por mero contraste. Nada existe en sí mismo. Si nos lisonjeamos de que estamos a gusto por entero, y llevamos así mucho tiempo, entonces no podemos decir que estemos ya a gusto. Pero si, como Queequeg y yo en la cama, tenemos la punta de la nariz o la coronilla ligeramente aterida, en fin, entonces claro está que en la sensación general uno se siente caliente del modo más delicioso e inconfundible. Por esta razón, un local para dormir nunca debería estar provisto de fuego, que es una de las incomodidades lujosas de los ricos. Pues la cima de esta suerte de delicia es no tener nada sino las mantas entre uno mismo, con su comodidad, y el frío del aire exterior. Entonces uno yace como la chispa caliente en el corazón de un cristal ártico.

- Mario Santiago Papasquiaro -

el sol y la lluvia se están rompiendo las narices,
y hay hombres que lloran vinagre,
y otros lloran mariposas,
y hay hombres que lloran basuras sin olor,
y otros que lloran árboles de aromas,
edificios con pulmones de sol,
trotacalles que la noche no inmoviliza nunca,
lenguas que también saben ser señales de carretera,
naipes del azar,
microscópicos submarinos.
un terremoto de terciopelo,
una bicicleta de pedales eternos,
desde la que Barcelona - la proletaria-
Barcelona - la marinera -
me filma con unos ojos de delfín
y patadeperro-licuamundos.
Oh derramarse así cuando todos duermen,
sin ojos hondos en la piel,
oh cantar así empastado en las entrañas
de un subterráneo tan oscuro como una oruga,
como un feto,
como un vulvo de sol exaltadísimo.
Te escribo recostado dentro de una lágrima
que no acaba de cantar
ni de romperse.

Gente en la playa. - Joan Margarit -

La mujer aparca el coche en una calle cerca de la arena,
baja y, poco a poco,
saca y despliega una silla de ruedas.
Después agarra al chico,
lo sienta y le coloca bien las piernas,
se aparta el pelo de la cara,
y mientras siente como le hondea la falda,
empuja la silla hacia el mar.
Entra en la playa por el camino de tablones de madera,
pero los tablones
se detienen a unos cuantos metros del agua.
Cerca, el socorrista mira el mar,
la mujer levanta al chico:
lo agarra por debajo de los brazos y
de espaldas al agua,
camina arrastrándolo mientras los pies van dejando
dos surcos tristes en la arena.
Lo ha llevado hasta donde llegan las olas,
lo ha dejado en la arena,
y ahora regresa atrás en busca de la sombrilla y la silla.
Los últimos metros,
siempre faltan los últimos y malditos metros.
Son éstos los que te rompen el corazón.
No hay amor en la arena.
Ni en el sol.
Ni en los tablones de madera, ni en los ojos del socorrista,
ni en el mar.
El amor son estos últimos metros.
Su soledad.

Miguel Hernández

Después del amor, 
la tierra.
Después de la tierra, 
todo.


El vino a solas, la memoria ardiendo - Félix Grande -

Sombra, qué tardes llegar y te vas qué temprano.
Te has sentado en mis sillas perfumando mi pieza.
Llovían mis propios años sobre mi pelo cano.
Discretamente heme revolcado en tristeza.

Sagrada es la inocencia con su olor a verano,
y con su olor a mundo sagrada es la belleza.
Vienen toros de nieve lamiéndome la mano;
y el tiempo, en la ventana aplasta su cabeza.

Delicada catástrofe;desgracia taciturna.
La escasa fe maltrecha que queda, se embadurna
en interrogaciones sin futuro ni afán.

Y me he quedado solo, sin sombra, mortecino,
rebuscando calor en mi aterido vino.
La vida nos engaña, las cosas se nos van.