14 sept. 2016

el bosc arrugat

enrere les últimes cases del poble i el desordre del llit,
enrere els camps i els camins,
presos d'un sol que llueix descuidat
alletant la terra com una vella nodrissa.

enrere els murs que aixequen els homes
que bramen com un esgüellat animal
enfonsant  les potes i el cap dins l'angoixa

són les muntanyes,
res més,
les que creixen als afores del món,
les que van parir el caminar,
les que moseguen les necessitats del fred i la molsa.

som una multitud de desgràcies que lluim fora  les ciutats els humans,
un descuit de la naturalesa,
i ens rosseguem els ossos perque ens duri la nit fosca
sota l'ombra raquítica d´un arbre
oberts de meitats,
amb les mans balancejan la terra
com si fosin barcasses ques xuclen dels pics i els esclats de les aguiles

no sóc jove,
ja he parit dues vegades vint anys
i encara duc penjat el vici en els ulls
en una mena de bateg de serp
i irracionals caceres de verins que no avisen.

que la vida ja m'ha trencat els camins i em sonriu com somriuen els errors,
i  pot ser, com el fred, ja toqui allunyarse,
amb la molsa dels  trontolls,
amb el pit carregat com un vell que equivoca montanyes,
fins topar de cara amb l'abandonament
i com el llop
amontonar fulles i tenebres
per separar la sang de les queixelades.


30 ago. 2016

Verónica Durán González

No están lejos del mar quienes tienen la posibilidad de adentrarse en el bosque o de contar en casa con la presencia de un jardín crecido: algún pellizco de verde y poesía salvaje custodiado por un grupo mínimo de árboles sin podar. Y algunas plantas silvestres que danzan entre corrientes de aire, como grupos de pequeños peces saltando de aquí para allá: lenguas de siete nervios, ortigas, dientes de león esponjan la tierra donde flotan las raíces que nos hermanan.
Y después la escucha: ¿acaso el viento no hace hablar a los árboles en un idioma parecido al oleaje? ¿No es silencio marino esa quietud que nos regresa?
¿No reviste el liquen de coral la piel anciana de algunas cortezas? ¿y cómo explicar la electricidad en las manos después del tacto cetáceo de ciertas setas?
Simas de musgo agrietan la superficie de los troncos yertos. El abismo hace hueco también aquí para suavizar la muerte.
- Verónica Durán González -

Instrucciones de uso - Javier Velaza -

Si acaso te agrediera
la espuma injusta de un mar domesticado,
revienta de mareas,
no te dejes,
no cejes,
inmersiona de la resaca infame de esa tarde.

Recupérate,
y grita,
grítate los naufrágios a que sobreviviste,
dile al agua,
que el agua
no fue nunca elemento sustancial de tu régimen.
Escupe al mar,
y límpiate los labios con el gárfio
de irredento corsario de la vida.
- Javier Velaza -

La extraña desaparición de Jódorov Talóv - Billy McGregor -

El seis de diciembre de 1935 Jódoroh Talóv entró al cuarto de baño de su casa y nunca más salió.
No había ventanas.
Y no crean lo que dicen los periódicos. La verdadera historia de Jódoroh Talóv, ocurrió como sigue a continuación:
Jódoroh Talóv abrió la llave del grifo, plegó su cuerpo en doce triángulos equiláteros y se puso a flotar en la bañera. Luego quitó el tapón, y en pocos segundos, navegaba cañería abajo, hacia un mundo mejor, su verdadero, y único sueño.
Cruzó Alabama a cuatro metros bajo el suelo, y en Tuscaloosa, un sistema de aspersión lo escupió a la superficie, donde una vez seco, volvió a doblarse nuevamente hasta convertirse en una pajarita de papel que se elevó sobre la faz de la tierra, y antes de abandonar la atmósfera, explosionó cayendo en forma de confeti sobre toda la humanidad.
Aún hay algo de Jódoroh en todos nosotros desde entonces.
Cuando pides un café y te ponen una porquería y tú dices “gracias” y te lo tomas y te sienta como una patada en los cojones pero te lo tomas y sonríes, eres Jódoroh.
Cuando quieres decirle a la cajera del súper que te importa una mierda que tenga un niño con el síndrome de Down, que llevas diez minutos en la cola, y no dices nada. Cuando te quedas mirando un bebé que te observa fijamente en el semáforo desde su carrito y luego miras a su madre y piensas: “Está buenísima, me la follaría”, y automáticamente después piensas: “No, joder, tiene una sonrisa preciosa”. Cuando te acuerdas de los pájaros, cuando miras al Mar, al horizonte, a los ojos de tu novia, sin que te importe que alguien esté viendo como te estremeces, cuando te llevas a la boca un cigarro del revés y te quemas los labios y alguien que te ama está allí para decirte lo estúpido que eres, pero te llena la boca de saliva y te dice sana sana culito de rana si no sana hoy sanará mañana, y te da un beso y tú, tú no sabes si aquello es el cielo o qué, y dejas de cagarte en todo, y la abrazas, y le dices que la quieres, y que ahora te vas a cortar cuatro dedos para que nunca deje de abrazarte así. Cuando todo continua orbitando a tu alrededor sobre su eje, eres Jódoroh.
Y si no te importa que te amen mujeres estrábicas, feas, cojas, gordas, eres Jódoroh, y si te quedas parado mirando las cosas que hay tiradas por el suelo y te descubres agachándote a ver que pone en ese papelito- “Bah, una lista de la compra” -, a ver si es una carta de amor, o una despedida, o un mensaje divino que diga “Dobla la esquina, y serás feliz”, y cierras los ojos y la doblas y no pasa nada, pero casi has sido feliz, cuando perdonas a la gente que te hizo mucho daño, aunque sólo sea porque has pasado los setenta, eres Jódoroh.
Y si acaso no has entendido nada sobre Jódoroh, tal vez sea porque no estabas allí el día que llovió confeti de los cielos. No importa. Fue hermoso. Lo más hermoso que he visto jamás hacer a alguien.
En cualquier caso, paga tus deudas, cómprate un coche mejor y más grande, el más grande, cosas que no necesites, divide, divide siempre y vencerás, y haz infelices a muchas personas, sin que se note, jódelo todo, ya sabes, eres el rey del universo, la vida es dura, sí, que se jodan, al fin y al cabo, Jódoroh, sólo era un idiota.

De muertes - Javier Vayá -

De fango
se volvieron las lágrimas
que pudrieron los ojos
de tanto ser lágrima.
Nunca fue tu culpa
no alejar lo suficiente tu risa de mi infierno.
Si no te conociera pensaría mal
que has aguardado agazapada la presa de mi alegría.
Entonces no te importaba.
Querer no es poder, es creer.
Y nosotros que no pudimos nunca tuvimos fe.
Hasta los santos la pierden
cuando las diosas abren las piernas del silencio.
Y mira en eso tampoco te miento;
yo ni siquiera fui nunca uno de ellos.
Pero sabes que te amé como un ateo sus convicciones.
Resulta irónicamente curioso
que las únicas palabras tuyas que podían salvarme
durante ese millón de veces en que he muerto
te brotaran a destiempo y con vocación de guadaña.
Quien iba a decírnoslo;
tú tan herida
yo tan de muerte.

días azules - Iván Rojo -

Aquellos días
emergen a mi memoria
como náufragos ya azules.

Flotan al sol
un rato en mi superficie
y desaparecen con la marea.
Con la cerveza,
con la ley de la inercia,
con un movimiento de cabeza.
Pero uno de ellos
-supongo que sabes cuál-,
el día más memorable,
sigue hundido en mi fondo.
A salvo.
Protegido por la calma
de un mundo intransitable.
Es el Titanic.
Es el Wilhelm Gustloff.
Un transatlántico majestuoso.
Algo que la deriva
no podrá hacer pedazos
contra los acantilados del tiempo.

estados de desánimo - Julia Roig -


así de puntillas, alcanzo el cielo, con la yema de los dedos, dulce y pérfido cosquilleo,
lo rasgo, lo atrapo, como papel de flores que nos decora la nada, nuestro techo.
no es inútil rescatarse,
me repito a mí misma como un mantra,
yo lo intento,
cuando irrumpe la tormenta de claroscuros cargada de húmeda electricidad
y el desorden cava túneles en la roca viva de nuestro cerebro,
yo me busco, me rastreo,
trato de reconocerme en mitad del naufragio,
salvarme,
cuando aún me queda aliento
y cuando me alcanzo,
me someto,
me obligo, me ordeno,
y entonces, de nuevo, me pierdo
y el rencor como una manta mojada de invierno que nos envuelve y vuelve ateridos e injustos,
en lo profundo, donde nos pesan las anclas que nos nacieron dentro,
cuando muerde ahí la sinrazón.
y eres un tren que corta la noche, me cruzas veloz como un cuchillo lleno de pánico y se inclina el día,
la tarde y la violenta melodía de los sueños que derramamos con toda la intención,
sobre la mesa, sobre el suelo, sobre el colchón.
y en esta amalgama de intuiciones silentes que nos va moldeando
al antojo y semejanza del egoísmo más espantoso,
ya no me reconozco
y rompo el pacto leonino que me ofrecía la vida,
y me desamparo
y me desconsuelo
y me abandono
porque no me valgo ni me tengo clemencia
y me ensaño con el pasado
mientras intento traducir el rictus de mi rostro,
el no brillo de mis ojos,
el nudo de mi estómago,
y el desastre del rastro de mi presente.
(que debo amaestrar esta ansiedad
me gritan mis venas
y hacer de ella sacrilegio
o hallar la causa que me pierde
y salvarme a tiempo
o ser simplemente una hembra más extraviada entre tanto viento).

las playas de diciembre - Javier Vayá -

Mira las playas de diciembre
puedes aprender mucho de ellas
del olvido de su plateada indolencia
de sus olas condenadas a lamer la arena
un día tras otro y otro más
de la luz sucia reflejada en cobalto
de las rocas que seguirán ahí
cuando los turistas no sean ni memoria
la naturaleza es sabia y fiera y permanece
mira las playas de diciembre
qué son esas aves negras silenciosas
enormes como augurios de viejas
como si las gaviotas hubieran abandonado
su disfraz de blanca pureza estival
mira cómo planean hambrientas el agua
la facilidad en cobrarse alguna pieza
igual que a ti te pasará cualquier día
si se te ocurre asomar la cabeza a la superficie
si intentas vislumbrar qué hay más allá del fondo
alguien te devorará de inmediato
mira las playas en diciembre
puedes escuchar alguna verdad importante
si atiendes a su sordo rumor de carcajada
ante nuestra condición efímera y fugaz
de marionetas tiradas por hilos tan débiles
como las algas que vienen a morir a esta orilla.
- Javier Vayá -

En ruta - Julio Santamaría -


Paseo con la intención
de trazar un mapa de los días
y los hechos,
empresa que requiere
la búsqueda de las exactas palabras
perdidas en un cosmos
de cemento, cristal y cielo,
un febril caos habitado por aquellos que no se saben
experimento y ensayo
de la complejidad humana.
A esta realidad sólida y vertical otorgamos nombre:
ciudad,
para así dotarla de dignidad etimológica
y hacer de ella material de relato.
Transito
entre la vanidad y la impotencia,
estados que rigen el deseo de aprensión
de todo un mundo.
Robo vidas de otros
escritas en tipografías múltiples
con el deseo de componer un canon único y asequible
al que rendir tributo y del que hacer uso,
pero rozo el fracaso por lo infinito del objeto.
Busco
dominar las ausencias a través de las palabras
domesticar los recuerdos,
persigo la conquista de ruinas circulares,
de borgianos laberintos donde depositar
las experiencias y así conjurar demonios.
Con juegos literarios
construyo refugios
para codificar un universo naciente.
Este caminar incierto cargado de intenciones
se convierte en un bunker y a la vez en escenario
donde la actuación,
la representación del alter ego
oculta mi yo más que nunca.
Y anoto cada respiro,
filmo cada gesto y cada abrazo
que irrumpen en mi camino.
Deambular es el verbo destinado a
ser conjugado permanentemente.
Desde la ventana de un café
cada historia que se yergue
al otro lado del cristal es única
y común.
Cada extraño es ya personaje
de toda una multiplicidad de géneros.
no sabiéndose pieza clave
del drama o la comedia.
Los cláxones,
las luces de los semáforos,
los neones,
conforman el contexto
aprendido y asimilado como propio
en el día a día,
la repetición constante
a la espera del hecho inesperado,
allí donde el argumento cambia.
En un intento de herir al calendario,
sabiéndome autor de los destinos,
lo despojo de su esencia.
Tratando de frenar el discurrir de estaciones
me aferro a una primavera sentimental
esquiva de rigores invernales.
Son estos versos de vida y muerte
del poeta del desierto
los que convierten en infinitas
estas horas,
en extremadamente fugaces
estos días.
- Julio Santamaría -