6 jul. 2012

carta al maestro Cavanilles desde su invernadero


querido amigo:
últimamente ando preocupado;
el naranjo enano ha dejado de echar frutos,
apenas recuerdo si los semilleros de asperilla
precisan de una temperatura adecuada en resistencia y primavera,
o alta en sustrato de susurro y bálsamo de agua calma

temo que un viento helado,
- pútrido y virulento-
termine por dañar los pétalos de tu labor
y lucho con todos mis esfuerzos
para calmar el fuego interior 
de cada uno de los yesqueros de esta tierra madre

salgo a fumar al exterior lo justo y necesario,
cerrando siempre las puertas del invernadero,
-tal como me indicaste-,
para que no se escape ni un ápice de aroma de esperanza

durante la última semana
te han llegado varias plantas de amigos que te quieren 
y te abrazan:
gladiolos de ovarios ínferos,
lirios listados y bellos,
un árbol de jade venido de asía menor,
y dos jazmines de almíbar y ámbar

desconozco su época de floración ni el tiempo de riego y sustancia
los cuidados, 
los mimos,
los párpados,
el aroma de sus versos,
el beso de sus vocablos...

comprenderás que hago lo que puedo
no estoy acostumbrado a esto
y ando entre poda inútil y guantes de ciego
lo mío es abonarme la herrumbre
el vómito seco de la boca de un muerto,
lamer hasta el último aliento de los hospitales,
y el barrio chino,
o escupir sobre un tiempo de barbecho
jirones de mi vida descosida a bocados

recupérate,
recupérate pronto y vuelve,
yo no entiendo de vida,
amigo.