9 sept. 2012

mataré marcianos en los recreativos del barrio


todo lo que hacemos
-incluso lo que dejamos de hacer-,
no tiene nada de admirable,
hitler pintaba cuadros preciosos
mientras samaranch se afiliaba a la falange.

yo con doce años planeé el asesinato de mi abuela,
nunca lo llevé a cabo,
pero lo estudié con todo lujo de detalles.

también con doce años me enamoré
y apuntaba en una libreta los días que pasaba sin verla,
en la misma libreta que planeé
el asesinato de mi abuela.

he amado y he odiado
no sé si en la misma proporción,
prefiero pensar que al final el amor siempre triunfa,
igual que hubo un tiempo que pensé en robar la gioconda
y colgarla en mitad del desierto de atacama.

o hacer papel higiénico de las cortinas del palacio de versalles.

hoy,
en tratas con la madurez,
sólo pienso matar marcianos en los recreativos del barrio
posar un cigarrillo en el cenicero del pinball,
pelearme con el dueño por un extra al donkey kong
y mirarte las tetas excitado
mientras elevo poderoso la mesa del futbata.

eres la tragaperras con la que siempre he soñado,
la carambola perfecta  en el billar de mis ancianos,
el record y la doble falta,
una adolescente perversa
en busca del mando del arcanoid
bajo mis pantalones de pana.