20 may. 2013

el banquete del nocturno

abandona la soledad,
ordeña la tristeza y bebe del funeral de los hombres,
haz de la amistad un inmenso interrogante
y transita por las jornadas del pesar
como un ganado trashumante

cuando escuches el lamento del mar,
el lento crujir de los barcos,
habrá llegado el momento de arrancarle los ojos a tu nombre,
colocarlos frente al espejo
y gritarte paria
o gritarte libertad.

verás como todo se suaviza,
como todo es un acorde perfecto
para el instrumento musical del banquete del nocturno

recuerda la vejez cuando visites mi tumba
la dulce ablación del precipicio
y ama todo lo que has vivido
tanto como odias lo que escribes.

haz de tu fatiga hojas secas,
una vida que se dobla sobre un cuerpo usado,
una mujer desnuda que amontona palabras como hogar
un hogar donde nunca hace frío
y donde nunca falta el fuego

y si me compras la tristeza
yo te entrego mi alegría en balde,
y si violas mi recuerdo
te llevaré a un lugar donde se reivindica la esperanza

convendrás amor,
que esta vida zurce jirones de tristeza amontonados en el desván de lo maltrecho
y convendrás
que en un golpe de desprecio,
uno adquiera costumbres de viejo chaqué
o de camisa desmembrada por historias y ruinas

ninguna prenda merece desprecio,
pero el desgarro impulsa a escribir desde lo hondo
donde todo se muestra sin normas
por eso he desenterrado mi  risa ridícula,
el tartamudeo de la piel,
y esta fuerte arritmia cercada por el fuego

me dilato como el patio de un colegio
y todo tiembla:

tiembla la tierra y el caos de mi cuerpo,
mi braza de mar y la oscura alcoba del farero.

una barcaza en mitad del arenal
un puerto con los párpados abiertos,
un delirio de vida suspendido en alta mar,
y esta pasión zozobrando por tu cuerpo
liturgias de ternura.