2 dic. 2012

al frente un precipicio; los lobos a la espalda


aquí la marea siempre llega a lomos de la nostalgia
es un caballo desbocado vomitando la sal y espuma de otros puertos.
sucede que la memoria,
ese perro tonto al que le tiras un palo y te trae cualquier cosa,
nunca sirve de nada
y sucede que mientras se te ahogan los párpados
la vida
te muestra las horas de mayor plomada
donde se vislumbran las desgracias y cenizas.
zozobras
y tratas de encontrar un refugio
humilde y desnudo,
suave,
sin que la comodidad te sujete los tobillos,
una morada donde llorar como un niño extraviado en mitad de un laberinto todas las salidas falsas que te llevaron al precipicio.
y como ciego te alzas entre los lobos para honrar la matanza alimentando a tu perro guía con las sobras del insomnio y la vigilia
y como manco construyes hornos de pan donde fermentar el amor
con el cuerpo helado y envuelto en masera.
y es entonces cuando te reconoces vencido
y coges a la hoguera como hoguera,
al páramo como páramo,
y a la vida,
como extraño océano rebelde y sonámbulo,
donde tu corazón
es sólo la bodega de un navío varado entre las dunas.