18 ago. 2012

tu carne de fulana deliciosa


yo también te muerdo lo confieso;
te muerdo en un mar de rabia y alaridos de espuma,
con la sangre y el semen desordenadamente esparcidos,
gimiendo como pólvora ardiendo y látigo de escalofrío,
con el percutor de mi cabeza dispuesto a apretar el gatillo.

te muerdo con espuelas de dolor y el cuerpo embravecido,
como delirio de fauces sangrantes y orgasmo explosivo,
con la magnitud y la pobreza de mis bolsillos vacíos sobornando la bacanal urgente
de tu carne de fulana deliciosa.

yo también te muerdo lo confieso;
te muerdo,
te desgarro,
y te restablezco,
sólo por el placer de volver a desgarrarte.

acecho la noche voyeur que nos corrompe por dentro
a golpes de bestia y rugidos,
sin mordaza ni clemencia establecida,
bestialmente furioso
te muerdo
agónico y herido.

soy la rabia y el abismo de tu naufragio vencido,
el eco y la noche tristeza que llega para enrrabietarte,
un miserable perro que quiere acostarse contigo,
la densidad y el desgarro mortal de la carne dolorida.

soy la pobreza de tus antojos caninos,
la desmesurada hambruna de unos colmillos podridos
las moscas,
el cuerpo pulgoso,
la lengua sucia y mugrienta que lame del plato roído.

llego
para apalearte este asqueroso domingo,
y descolgar tu piel y el gemido del gancho de carnicería:
en ti,
que te creías tan muerta
en ti,
que te pensabas vencida,
igual que una perra hambrienta saludablemente sin vida.