26 ago. 2012

noches de insecticida

como árbol quebrado de sombra y noche
vengo para declararos
que he perdido mis cosquillas

que hoy 
-en una tentativa suicida-
he intentado revivir las últimas que disponía
rebuscando en la memoria
una simiente
que ahíje en el tronco estéril y entristecido
una rama florida de fantástico brillo,
a golpes de tajo y mordiscos asquerosamente adultos,
con la punta de mis dedos escarbando en la sequía


pero poco a poco me he ido agostando
y he perdido de forma insalubre
todas mis carcajadas sonoras

suelto las ramas cada vez que lo pienso
cómo he podido descuidar cada uno de mis hormigueos

de niño
anidaban centenares de insectos por todo mi cuerpo

tuve dos mosquitas de estiércol
zumbando gozosas por detrás de las orejas
y una langosta egipcia
surcaba carcajadas en las costillas de mi organismo.

donde hoy habita dolor
antes vivían grillos enloquecidos,
y en mis vísceras de noche y alcohol,
una luciérnaga herida,
publicaba jolgorios de ilusión y de vida.

tuve un escorpión acuático rondándome el glande y la brecha
y una cigarra común
soltaba por los surcos del cerebro
su sonrisa malévola de adolescente perverso

las noches que ahora agarrotan mi garganta
una carcoma salvaje
naufragaba mandíbula abajo con sonora risotada,
y a la par diez saltamontes desnudos
brincaban como danzarinas rusas por los sobacos peludos

se me han muerto las cosquillas
y lanzo un quejido de dolor
con el tronco abierto y las ramas vencidas
sin poder volver atrás,
sin poder escupir en la sequía:

la vida de este árbol es corta
y hay tantas noches de insecticida.