15 may. 2012

el arlequín del cementerio


destila la madrugada una sensación de mujer serena.

el tiempo se detiene hermoso, 
entreabierto como herida narcotizada por el opio denso.
la calle por la que transito,
-despiadada y hueca -,
se despliega por mis ojos desde el balcón de mis zapatos 
hasta el principio de la pena.

si abonas soledad afloras llanto 
y como triste arlequín de cementerio,
como glotonería de hombre frente a unos senos turgentes, 
el llanto se abre para comerte por dentro

y sol 
y el humo de los coches,
y las prisas de los transeúntes de siempre,
la mujer con acento siberiano,
un hombre con bozal en la lengua,
el excelente olfato de los puercos,
y otro día más 
sin ella,
otra día de ausencias,
y justo en este momento la encuentro tan bella
que incluso por un instante 
se me aparece perpetua
como si siempre hubiera existido
como si nunca 
y en nada 
permaneciera.