24 feb. 2013

la capital de la tristeza



sería hermoso,
no crees,
vernos morir en esperanza
y abandonarnos sin esfuerzo al curso natural de los gusanos y la carne.

sé que duele escribir y preguntarte
qué parte de humano es tu bestia
y qué parte de tu bestia
aún conserva algo de humano

y cada día es un grueso vagar por el dolor,
un dolor que no precisa de espejismos,
ni  tuerceversos que nos entreguen sus hieles
con sus agónicas heridas restañadas.

no es ideal de felicidad lo que busco,
la felicidad es la ausencia de interés y movimiento,
es el cero Kelvin,
me resulta aburrida,
yo reclamo al ilustre anciano que late,
al niño que acelera la vida dentro de un callejón
con las señales de tráfico invertidas,
morder el tapón del aislamiento,
y bebernos las desgracias simultáneas
como dos cosacos satisfechos
en la capital de la tristeza.

el miedo es un poeta que no exhibe sus vergüenzas,
un pasillo lento repleto de enigmas,
tres kilos de marihuana en la maleta,
el oscuro silencio,
y yo en mitad del control de un aeropuerto.

necesito que me cerques,
necesito que me estreches más que nunca.

voy a tratar de escribírtelo en caricias:
te echo tanto de menos
que te veo llegar y no me encuentro.