5 oct. 2012

billete a la oscuridad

asido a la noche retengo el aliento en las horas de mayor negrura
para que el silencio no me estalle por los aires
-como si de un campo de minas se tratara-
he intento desactivar el sol,
cortarle el cable del foco enfermizo,
desenroscarle la odiosa bombilla,
para tratar de hacer este poema estatuario.

tal vez de esta forma
no acuda destello alguno a importunarme
y consiga eliminar
la primera ráfaga de claridad desnuda.

siempre fracaso,
y una insolente mecha
prende el horizonte
embadurnando el cielo de luz y grietas amarillas

entonces sé que ha llegado el momento de refugiarme en soledad
para que no se atreva la mañana
-con un gesto de dolor y otro de desafío-
a rasgarme mi horizonte de negrura.
que no me aceche con su brillo universal,
-a bordo de un pesquero salvavidas-,
para rezar por el rescate de la luz
y el reflote de mi vida

la mañana desadormece su pelo:
solicito un billete a la oscuridad que me proteja de sus trenzas amarillas
una locomotora flemática y negra que se detega en mitad del vacío
un vagón de horas siniestras rociado de umbrías pesadillas.

una estación solitaria
un compartimento sin vigilia,
un trayecto de noche sin final con asiento de fumador y ventanilla.