15 jun. 2012

al francotirador tarde o temprano se le terminan las balas.

en el metro sentadas frente a mí hay dos muchachas hablando entre ellas;
sus cuerpos, como los acantilados de l'étretat son vertiginosamente bellos y poderosos.
todavía desconocen los años de la muda tristeza, la noche aullante y los vocablos del horror sobre la cena.  son bacanal de pasión y fuego,
y conocen la  hermosa lujuria de sus jóvenes vulvas, coños capaces de comer en la mesa de cualquier puta o reina.
es su tiempo, el tiempo de prender la mecha en la casilla prohibida,
de morder furioso el instinto del latido intenso
las orillas de semen vertido sobre sus vientres
espuma y machos,
pestilente alarido de la vida espesa.

comparten complicidad y distintas dudas transparentes, sonrisas generosas y piernas de faro y marea.
la más frenética de las dos escribe a la velocidad de la luz con un móvil muy moderno
se siente viva y feliz, ya sabéis de que hablo, esa sensación que nos visita con la misma frecuencia
que visita el cometa halley la faz de la tierra

salgo a la calle
y caen desplomados los recuerdos con una palidez desesperante,
el maldito francotirador paciente apostado en la sien de mi cráneo
dispara ráfagas de fuego sobre los vocablos

vivo y feliz,
vivo
y
feliz

una día más llego tarde al trabajo,
derrotado y espeso por la profundidad de los recuerdos:

la risa de mi padre al llegar a casa,
el olor a tierra en los abrazos de mi madre,
el barrio extremo,
ocho años de vida entre francia y españa,
el hostal de dolores y las orgías en oaxaca
el instinto salvaje de mi viejo piso en el barri de sants.


pero qué hago aquí?
trabajo en este hospital o soy otro enfermo?
y quién es esa persona que me saluda vestida de blanco?
acaso no ve que llevo un fusil colgado del hombro?