5 ene. 2012

el horizonte de la luna siempre es de color negro.


¿recuerdas cuando éramos pequeños,
y en el mellar del verano
libre y pleno, 
fluíamos como arterias al viento  pel carrer del pecat?.

crecimos,
y también crecieron los besos,
como barcos pequeños que nacen en los astilleros.

descubrimos que los sujetadores eran tazones de té
donde brotan pezones y leche,
que olíamos a madera noble,
que el cartílago no es hueso.

y por el rincón bipolar de nuestros sueños cometas
afloraron gemidos y dientes
como el dolor de cabeza de Júpiter por el parir de Minerva.

hoy,
mi querida Celia,
las campanas del sordo producen seria ceguera,
roban segundos y vidas a cambio de ramas secas.

el silencio,
el miedo, 
han vuelto,
enmudeciendo las calles,
secando el hálito ardiendo.

son tiempos de úlcera,
de cenit en mirada con decúbito supino de cuerpo y alma,
de craneocaudal establecido
y latir neutro.

todo es un sin.

extrae
- la úlcera-
pedazos de mí dermis quemada por el tiempo,
pasar de recuerdos sin yodo ni apósitos
que oxigenen la opresión de este vacío.

podredumbre carnal,
olor fétido y amoral,
correoso e insoportable despertar de la piel.

todo es dolor,
el dolor de verdad
duele incluso en lo yermo:

que no tema la noche hincar diente en mi carnaza.