28 mar. 2015

la manifestación de la carne

recostado en la cama
con las sábanas giradas y el cuerpo tan fugaz como tangible
observo como te vistes
en la proclama del deber y la dictadura de las normas.

aún reposa junto a mí el dominio del placer,
el desgajamiento de la carne,
el gusto de saberse encajar a contrapelo,
y la armonía del desorden.

sólo son audibles los que nunca se mantienen a raya,
sólo son audibles los que aman,
y el taxímetro de tus bragas
hace tiempo que debería haber subido bandera
pero sucede,
amor,
que se nos corre la voz
y no soportamos el vaivén de  los estandartes,
así que,
bueno,
pudiera ser que aún no esté todo perdido,
pudiera ser que en la victoria de la obligación
creciera un nuevo rugido,
tan embrutecido como despierto,
tan salvaje como obrero,
y se le manifestara al vecindario la llegada de otro problema
y empezáramos de nuevo a rasgarles los reojos,
con la piel zambullida en libertad
calientes y amasados,
asilvestrados,
sorbiéndonos las faltas y el pudor de los horarios.

de un solo trago viaja la madrugada
de un solo trago viajan las sombras y las distancias,
pero no aquí,
no en estos versos,
y no en este momento,
con el pulso en escisión y expansivo,
con la madrugada cubierta de mil muertes
y las avenidas lamiendo sol de azúcar
pero nosotros no,
nosotros resistimos sin intención de aminorar la marcha,
bruscos,
proclamando la victoria de la carne.

y tú no acudirás al trabajo,
y yo moriré entre tus dientes
y los vecinos,
otra vez,
llamarán a los antidisturbios.

10 mar. 2015

bailando entre cabras

conoces el amor,
conoces la carne humana y las monedas de Judas,
conoces el crujido de un orgasmo recién hecho,
el pan
cocido en el peor de los hornos tradicionales.

conoces aquellos que escriben la embriaguez de las rameras
sin conocer a las rameras,
conoces la noche y el vientre masticado de nervios,
conoces el mercurio en los ojos,
el temblor de las rodillas,
la lengua apergaminada que guarda silencio.

conoces la derrota justo ahí,
tras la supervivencia.
conoces la ciudad,
las calles de tu ciudad,
tan usadas como unas bragas manchadas de amarillo.

conoces los hombres que esperman con el pelo desaliñado,
la llegada del vicio,
el arranque de la necesidad,
y el grito del naufragio.

conoces los besos en la frente y la amargura del calendario,
que trae
como único oleaje
la soledad.

conoces el discurso brillante de un cerebro inflamado por el vino,
conoces la mar que te arrastra como sombra,
y te conoces errante,
herido y pestilente,
sólo que ahora
al retirar la masera
descubres que no has conocido en la vida un solo poeta inocente,
ni uno,
incluso los que han fermentado bajo el extraño laberinto de la complejidad humana,
incluso esos,
alineados frente al caos del primer verso
como barcos derramando desgracias.

conoces el suelo adornado de sangre
el correaje de las manos y la curiosidad
conoces la tos,
el esputo,
el café y el tabaco,
las drogas y el suicidio
pero lo terrible,
es saber que por fin te reconoces,
chirriante y lastimero,
crujido de carne y carnero,
Judas,
putero,
bailando entre cabras,
escribiendo este poema.