29 dic. 2012

poesía.

poesía:
qué nos importa
y qué nos interpela?
 
 
 
es verdad que la prosa del mundo no inspira poemas;es verdad que el verso exige haber existido ya;es verdad que se le oye cantar dentro de uno antes de escribirlo. pero ello es por una mixtificación: pues el verso nuevo que va a nacer es de hecho un verso antiguo que quiere resucitar. así los poemas que pretenden surgir de nuestro corazón hacia los labios; resurgen, a decir verdad, de nuestra memoria.¿la inspiración? reminiscencias, un punto, he ahí todo. Mallarmé entrevé en un futuro una imagen joven de él mismo que le hace signos; se aproxima a ella: era su padre.
 
-prologo de Jean-Paul Sartre en la antología poética "Poésis" de Mallarmé-

16 dic. 2012

Bruma impar -Osvaldo Svanascini-

De todos los refugios prefiero el arco iris
de todos los sabores adhiero a las mañanas
de todas las esperas sostengo la inclemencia
porque los contornos de la ansiedad son indicios
que pueden sentarse en las antorchas.

Por eso criar un cíclope es nostálgico
y nadie pretende amar su gozo
ni produce clamores su balbuceo.

No hay otra manera de esperar
todo es más largo que las sentencias
y no quedan sacrificios para lamentar
apenas remontar el agua en bicicleta
decirle al ciego que el cielo debe ser mejorado
o que para cansarse los días se inmunizan
entre interjecciones de vetustos sapos.

En mi camisa crecen las porcelanas
que se han fatigado por cavilar
en mi zapato izquierdo hay una canoa que se hunde
y dos contramaestres que buscan su naufragio.

Espero la noche
para incendiar los sueños
para agonizar con sonrisas de canela
para eludir las ruedas
que me persiguen entre trozos de presagios.

12 dic. 2012

le portrait (I)

“Los finales felices son historias sin acabar”
-Simon Kinberg-

en pocos lugares me siento tan frágil como en París. quizá fuera esta la razón por la que tras unos días en la ciudad codeándome los ojos con el Sena y la nostalgia mis pies todavía se resistían a pasear por  el famoso barrio de Montmatre.

la ciudad en los últimos años se había convertido para mí en una segunda residencia y sabía que en cuanto viera  la cúpula del Sacré-Coeur coronar la rutina de la butte y me adentrase por las estrechas y sinuosas calles que descienden cuesta abajo hacia Pigalle, una capa baldía y mustia se apoderaría de mi debilidad cubriéndome el cuerpo para el resto de la jornada.
pese a ello quise ir. la noche anterior había terminado con la garganta empapada de alcohol y mi estómago, ahora seco, recordaba un pequeño restaurante próximo a los viñedos de Lapin Agile donde  sirven unos menús de influencia provenzal realmente exquisitos.

 al llegar a la place du Tertre un penetrante olor a crepes se mezclaba como una sinfonía de Berlioz
entre la excitación de los turistas y la seriedad de los pintores.
tenía pensado gastarme el poco dinero del que aún disponía antes de regresar a Barcelona y me detuve unos instantes frente a una réplica de le repas de paysans donde el artista había cambiado el rostro del hombre que aparece en el cuadro con las manos cruzadas por el del presidente Sarkozy y la cara de la única mujer por el de su esposa.
la escena me pareció realmente grotesca así que pensé en comprarlo cuando de forma instintiva alcé la cabeza, como si de un periscopio se tratara, con el fin de observar todo el esplendor y bullicio que abrigaba en esos instantes la plaza.
fue entonces cuando vi a ese hombre de avanzada edad. llevaba la cabeza cubierta por un fedora negro equlibrando la densa niviedad de su barba. me observaba a través de sus lentes redondeadas  como si quisiera perforarme la carne con la punta de su buril. pensé: o soy un mal recuerdo o este hombre tiene uña, y decidí aproximarme con cierta curiosidad para observar más de cerca sus retratos.
el pintor había protegido sus obras con tres grandes sombrillas a modo de parapeto pese a que el cielo  apenas anunciaba lluvia y el sol de febrero en París extrañamente resulta sofocante.
no quise averiguar la razón de su mirada inquisitoria así que me adelanté a cualquiera de sus reacciones y rápidamente le pregunté, obviando la presencia de una pareja de turistas que ojeaban sus retratos, cuánto costaría que me retratara. el hombre sin mediar palabra giró su cuerpo lentamente, como si fuera la grua de un viejo puerto, y sacó de detrás de sus dibujos una sillita plegable invitándome a tomar asiento frente a él. luego, con voz de pueblo antiguo áspera y penetrante me dijo: ne vous inquiétez pas monsieur, l'âme ne comprend pas l'argent, y se dispuso a afilar un carboncillo mediano hecho de sauce frotándolo delicadamente sobre la superficie de un papel. 
tomé asiento,crucé las piernas, encendí un cigarrillo y decidí adoptar una actitud falsa,casi estatuaria.
no deseaba que retratase la tristeza de mis ojos ni el manantial de ausencia y silencio. esperé, sólo esperé a que el pintor hiciera su trabajo.
durante ese tiempo apenas levantó los ojos del dibujo, manteniendo su rostro oculto tras un cuardenillo como si fuera  un francotirador bolchevique apostado en uno de los edificios de Petrogrado.
al terminar lo enrolló igual que un papiro y rechazó con un gesto despectivo el dinero que tenía pensado ofrecerle.
c'est la femme qui vit en vous. maintenant vous devez trouver, me dijo y acto seguido se irguió lentamente de la silla, recogió sus bártulos, cerró las tres sombrillas, lo guardó todo en una especie de carrito de la compra diminuto, dio una última mirada a la plaza como si fuera la primera vez que la observaba y se puso a andar sin apenas hacer ruido por la rue norvins, despacito, muy despacito, hasta que lo perdí de vista.

cuando desenrollé el dibujo vi que el pintor en vez de retratarme había dibujado el rostro de un mujer que, según sus palabras,  habita en mi interior y supe que desde ese preciso instante mi deber era encontrarla.

el retrato se asemejaba a una de las cincuenta Nereidas de Doris: tenía el pelo largo y sedoso, sus mejillas eran dos lechos de ternura infinita, la boca una invitación a comer sin mesura y su frente el recorrido de un horizonte misterioso.
en un principio su rostro encendió en mí un desmesurado deseo de voluptuosidad pero al observar  el dibujo con mayor detenimiento pude ver  en el fondo de sus ojos el alba que se eleva en algunos mares alumbrando las cositas del corazón sencillas y acogedoras y fue esa mezcolanza la que me trajo la voluntad de encontrarla incluso atreviéndome a renegar por unos instantes de una vida en soledad despojándome de ese ideal como acto heroico y temerario.

era bella, muy bella,  y cualquier hombre que se tercie honrado flaquea y debilita, incluso enferma  y pierde el apetito cuando la belleza de una mujer le asalta como formidable golpe de mar todos los vectores de su razón y ya no existe baluarte ni alambrada capaz de retener el desboque de ese animal que llamamos corazón cuando decide salir a luchar  con el sístole y el diástole al descubierto.

con la ilusión de encontrarla caminé animadamente hasta llegar al quartier latin donde me detuve en uno de los múltiples restaurantes de comida rápida para saciar el apetito que aún arrastraba mientras pensaba qué bello sería el amor junto a esa mujer y qué bueno disfrutar de sus caricias. compartir vino y mesa, olores, risas, orgasmos. qué fantástico sería embriagarme de su ternura y qué suerte llorar sus poemas. palparle la angustia, robarle las penas. qué tesoro compartir una vida y qué fortuna entregarle mi muerte como  cómplice silenciosa de delicias.

así me mantuve hasta que abandoné París a la mañana siguiente.
durante las primeras semanas en Barcelona una búsqueda precipitada derivó en una exploración menos esperanzada pero mucho más serena y calma sacudida de vez en cuando  por la zozobra de la impotencia y la  desesperación al pensar en la titánica labor de encontrarla.
incluso decidí abandonar por un tiempo la búsqueda al creer que tan solo se  trataba de la broma de un pintor ansioso de reírse del primer turista aletargado pero, y si así fuera qué perdía en intentarlo. sentirme imbécil una vez más tampoco resultaría para mí nada novedoso frente a un nuevo fracaso y la razón de buscarla encendía en mis ojos,por costumbre entornados,una luz de esperanza.
entonces daba por bueno el engaño. bienvenida sea la burla y  la chanza si ello me ha de traer una infatigable ilusión antes henchida de oscuridad y completa ausencia.














images: Seine, place du Tertre.february,2009.

2 dic. 2012

al frente un precipicio; los lobos a la espalda


aquí la marea siempre llega a lomos de la nostalgia
es un caballo desbocado vomitando la sal y espuma de otros puertos.
sucede que la memoria,
ese perro tonto al que le tiras un palo y te trae cualquier cosa,
nunca sirve de nada
y sucede que mientras se te ahogan los párpados
la vida
te muestra las horas de mayor plomada
donde se vislumbran las desgracias y cenizas.
zozobras
y tratas de encontrar un refugio
humilde y desnudo,
suave,
sin que la comodidad te sujete los tobillos,
una morada donde llorar como un niño extraviado en mitad de un laberinto todas las salidas falsas que te llevaron al precipicio.
y como ciego te alzas entre los lobos para honrar la matanza alimentando a tu perro guía con las sobras del insomnio y la vigilia
y como manco construyes hornos de pan donde fermentar el amor
con el cuerpo helado y envuelto en masera.
y es entonces cuando te reconoces vencido
y coges a la hoguera como hoguera,
al páramo como páramo,
y a la vida,
como extraño océano rebelde y sonámbulo,
donde tu corazón
es sólo la bodega de un navío varado entre las dunas.