23 jul. 2012

la pólvora de mi carne asesina


si tienes vértigo no debes leer este poema:

toma estas letras
y cierra con la intensidad de unos ojos olvidados
la parte desbocada de estos versos.

si tienes vértigo no debes leer este poema
porque quiero que todo te tiemble
que tiemble este mundo de fronteras
y los inútiles gritos de dolor proferidos al vacío,
el terremoto de mi tragedia
los muertos de esta vida moderna.

el prisionero excitado que arruga su estático cuerpo en cualquier playa desértica
el asco de los trucos sucios
la maldad de los hombres y familias.

mis pies se mueven por otro mundo
un mundo plano
y todo tiembla.

tiembla la camarera que me pierde de vista la garganta
y la ferocidad y la sed de mi boca estrangulada,
la alegría de mis bolsillos vacíos,
las ideas de mis nefastas palabras.

tiembla la sangre de mis imposibles
y las ilusiónes desplomadas de mi padre
el corral de estas circunstancias
las calles solitarias y negras de regreso a casa.

necesito que me tiemble la vida
la espina dorsal de mis testículos
el combate de estas sábanas pulcras
las hojas de laurel de esta corona.

cada una de las letras de tu nombre
PUTA
el precio de este orgasmo intensivo,
la tragedia de tu cuerpo vencido
el vicio y el dolor de mi violencia.

el horno crematorio de tus entrañas
el terror de mi sexo indecente
la victima de tu última bala
la pólvora de mi carne asesina.

 

6 jul. 2012

carta al maestro Cavanilles desde su invernadero


querido amigo:
últimamente ando preocupado;
el naranjo enano ha dejado de echar frutos,
apenas recuerdo si los semilleros de asperilla
precisan de una temperatura adecuada en resistencia y primavera,
o alta en sustrato de susurro y bálsamo de agua calma

temo que un viento helado,
- pútrido y virulento-
termine por dañar los pétalos de tu labor
y lucho con todos mis esfuerzos
para calmar el fuego interior 
de cada uno de los yesqueros de esta tierra madre

salgo a fumar al exterior lo justo y necesario,
cerrando siempre las puertas del invernadero,
-tal como me indicaste-,
para que no se escape ni un ápice de aroma de esperanza

durante la última semana
te han llegado varias plantas de amigos que te quieren 
y te abrazan:
gladiolos de ovarios ínferos,
lirios listados y bellos,
un árbol de jade venido de asía menor,
y dos jazmines de almíbar y ámbar

desconozco su época de floración ni el tiempo de riego y sustancia
los cuidados, 
los mimos,
los párpados,
el aroma de sus versos,
el beso de sus vocablos...

comprenderás que hago lo que puedo
no estoy acostumbrado a esto
y ando entre poda inútil y guantes de ciego
lo mío es abonarme la herrumbre
el vómito seco de la boca de un muerto,
lamer hasta el último aliento de los hospitales,
y el barrio chino,
o escupir sobre un tiempo de barbecho
jirones de mi vida descosida a bocados

recupérate,
recupérate pronto y vuelve,
yo no entiendo de vida,
amigo.